A lo largo de la historia hemos sido testigos de grande fraudes, con embaucadores agazapados en un gigantesco Caballo de Troya. Los tiempos cambian, pero los grandes engaños continúan.

Hoy día, el concepto de fraude ya no se circunscribe únicamente al robo de dinero o a la usurpación ilícita de objetos, sino que alcanza a la disponibilidad de los datos como principal vehículo para ejecutar un fraude. Así, fraudes de solicitud, identidad, Burst Out, cuentas durmientes o simplemente solicitudes fraudulentas a través de dispositivos no identificables están a la orden del día.

Efectivamente, el Big Data, que conlleva una gran cantidad de datos disponibles, se presenta como un desafío y oportunidad para las empresas. La clave no es solo determinar qué datos nuevos se deben usar y qué datos es posible ignorar, sino también examinar periódicamente los conjuntos de datos para comprobar su precisión y valor.

El fraude, un riesgo económico y reputacional

Según el estudio global sobre fraude y delito económico 2018 de PWC, más de la mitad de las empresas españolas (un 54%) han sido víctimas de algún delito económico en los últimos dos años. Por tipología, la apropiación indebida de activos es el principal tipo de delito del que son víctimas las firmas españolas seguido por la corrupción y el soborno, la manipulación contable y el ciberfraude, fomentado, este último, por la cada vez mayor digitalización, la cual supone un reto añadido en la gestión del fraude.

Llamativo es también que alrededor de la mitad de estos fraudes son cometidos desde el interior de la organización, principalmente por trabajadores que perciben con esta acción una oportunidad para lucrarse o resolver determinados problemas financieros.

Claramente, la intención de quién comete un fraude es lograr un beneficio a través del engaño. No obstante, y sin entrar en las razones que pueden llevar a una persona a cometer una estafa de este tipo, lo cierto es que las consecuencias de un fraude son devastadoras, y pueden ser medidas evaluando tanto su impacto cuantitativo como reputacional.

Desde el punto de vista cuantitativo, y dependiendo de la cantidad económica de la que se trate, los efectos repercutirán en mayor o menor medida en la cuenta de resultados (pérdidas financieras directas) mientras que a nivel reputacional, el impacto puede ser enorme, en tanto en cuanto negocio y reputación se encuentran interconectados.

La calidad de datos: ventaja competitiva

A raíz de estas tendencias, y considerando que el fraude continúa en aumento (casi la mitad de las organizaciones españolas así lo entiende, según la Asociación Española de Empresas Contra el Fraude -AEECF) las empresas se muestran cada vez más preocupadas. Por ello, organizaciones como AEECF solicitan, entre otras, reducir las barreras legales para que compartir información (cruce de datos locales, sectoriales y, en mayor medida, multisectoriales) sea un proceso más sencillo. Para ello, claro está, resulta imprescindible la verificación de los datos a comunicar.

De igual modo, la utilización de técnicas de detección de fraude basadas en tecnologías de análisis predictivo de datos está siendo una medida cada vez más relevante en la prevención y detección de delitos económicos. En concreto, los principales mecanismos que utilizan las empresas españolas, según PWC, para detener el fraude y delito económico son las auditorías internas (el 17% de las empresas en España), el análisis de datos (17%) y los canales de denuncias (14%). A nivel global, el mecanismo de control más habitual en la detención del fraude son las auditorías internas.

En definitiva, la calidad de los datos permite tener una visión única o de 360º de la información de cada cliente. Datos fragmentados, duplicados, inconsistentes, inexactos o incompletos pueden dar lugar a una información errónea. En el ámbito legal, y ante la obligación que tienen las organizaciones de cumplir con estrictas regulaciones nacionales e internacionales para mitigar e identificar actividades ilegales, como el blanqueo de dinero o el fraude, disponer de una imagen precisa de los datos de los clientes es una necesidad.

Elena Pastor Salarrullana, Directora Legal en DEYDE

Publicado en Expansión

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